Niños y Naturaleza: más tiempo al aire libre significa más empatía
- sustainabilityinte

- 11 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Por Martina Notari periodista y naturópata - IG: @martinanotari_ecosofia
En los últimos años numerosas investigaciones científicas han confirmado lo que la sabiduría ecológica sostiene desde hace siglos: la relación con la naturaleza no es un lujo, sino un factor fundamental del desarrollo humano.
Cuando un niño pasa tiempo en entornos naturales, ocurre algo que no concierne solo al cuerpo, sino sobre todo a la mente y a las competencias emocionales.
Según la biofilia, el concepto introducido por el biólogo Edward O. Wilson, los seres humanos nacen con una predisposición innata a conectarse con la naturaleza, los árboles, el agua, la luz natural, los animales, los ecosistemas.
La psicóloga y formadora Marcella Danon en su ensayo Clorofillati, el biólogo Giuseppe Barbiero y la psicóloga Rita Berto en Introduzione alla biofilia, retoman esta intuición mostrando cómo el contacto con el mundo vivo activa en la psique una forma de “orientación profunda”: la naturaleza despierta partes de nosotros que en las ciudades permanecen dormidas. Y una de las primeras capacidades en despertar es precisamente la empatía.
Pero ¿cómo despierta la naturaleza la empatía?
La naturaleza regula el sistema nervioso
Los entornos naturales reducen la actividad de la amígdala (centro de reacción de alarma) y activan el sistema parasimpático, responsable de la calma, la apertura y la escucha. Un niño menos alerta es un niño más disponible para el otro.
La naturaleza incrementa la atención profunda
La Attention Restoration Theory (Kaplan & Kaplan, 1989) muestra que lo verde repara la fatiga mental. Cuando la mente no está sobrecargada, se abre espacio para el otro: la atención restaurada genera mayor empatía.
La naturaleza activa la percepción de interconexión
Como escribe Marcella Danon, el hábitat natural nos recuerda que formamos parte de una red de relaciones.
Esta percepción sistémica, ver que cada elemento depende de los otros, es la base de la empatía compleja: sentir que lo que sucede afuera resuena adentro.
Cuando los niños crecen lejos del verde, de las estaciones y de los organismos vivos — condición hoy muy común — ocurre lo contrario. El educador estadounidense Richard Louv ha definido síntomas como ansiedad, depresión, dificultades de concentración, estrés, miedos irracionales como síntomas del “síndrome de déficit de naturaleza”.
La naturaleza es de hecho un laboratorio biológico de la empatía. Cuando un niño explora un bosque, escucha el viento, observa un insecto, huele la tierra mojada, entra en una experiencia poderosísima: se siente parte del mundo.
Y cuando te sientes parte, cuidar surge de manera natural.La educación en la naturaleza, como muestran los modelos pedagógicos escandinavos, las escuelas bosque, la educación al aire libre y los estudios de ecopsicología, no es solo “educación ambiental”; es educación emocional, educación relacional, educación para la humanidad.
La ecuación es por tanto automática:
Más naturaleza = más empatía
Más distancia de la naturaleza = más fragilidad emocional y social.
Devolver la naturaleza a los niños, y a los niños a la naturaleza, no es un gesto romántico. Es una urgencia educativa, evolutiva y cívica.En un mundo que corre el riesgo de volverse cada vez más individualista, la empatía es nuestro bien más preciado; la naturaleza es la clave para protegerla y hacerla crecer desde pequeños.
Bibliografía
Louv, Richard. L'ultimo bambino nei boschi, salvare i nostri figli dal deficit di natura. Rizzoli, 2006.
Wilton, Edward O. Biophilia, Harvard University Press, 1984.
Danon, Marcella. Clorofillati. Per un'ecologia della mente. Tecniche Nuove, 2023.
Danon, Marcella. Il Bosco Interiore. Corbaccio, 2011.
Kaplan, Stephen & Kaplan, Rachel. The Experience of Nature: A Psychological Perspective. Cambridge University Press, 1989.
Giuseppe Barbiero, Rita Berto. Introduzione alla biofilia. La relazione con la natura tra genetica e psicologia, Carocci editore, 2016.


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