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IDENTIDAD SOSTENIBLE
LA SOSTENIBILIDAD ES SINÓNIMO DE EQUILIBRIO!
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HE DECIDIDO CONSTRUIR “MI IDENTIDAD EN MATERIA DE SOSTENIBILIDAD” A TRAVÉS DE ESTOS TRES TEMAS PRINCIPALES, QUE A MENUDO GENERAN DIFERENCIAS DE OPINIÓN
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ALIMENTACIÓN:
La sostenibilidad y la alimentación son dos aspectos estrechamente relacionados y deben considerarse de manera conjunta.
Mi idea de una dieta sostenible se inspira principalmente en el modelo mediterráneo o flexitariano, enfoques que valoran el equilibrio, la variedad y el respeto por el medio ambiente, sin renunciar a la salud.
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Respeto todas las elecciones alimentarias, incluidas las vegetarianas y veganas, cuando son fruto de la conciencia y de una información correcta. Personalmente, prefiero a quienes optan por un régimen vegetariano antes que vegano, ya que lo percibo como más flexible e inclusivo, además de más fácil de conciliar con las necesidades nutricionales generales.
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Considero que la eliminación total de los productos de origen animal puede, en algunos casos, generar carencias nutricionales, especialmente en los niños, si no está adecuadamente planificada y supervisada por profesionales cualificados. Por este motivo, aunque respeto la dieta vegana, no la considero el modelo más sostenible en términos absolutos.
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Para mí, la verdadera clave de una dieta sostenible es el equilibrio:
un equilibrio entre salud personal, impacto ambiental, cultura alimentaria y responsabilidad social.
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Solo a través de elecciones alimentarias conscientes, flexibles y basadas en la ciencia es posible construir un modelo verdaderamente sostenible, tanto para el individuo como para el planeta.
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CONSUMISMO:
Un aspecto fundamental de la sostenibilidad es nuestra relación con el consumismo.
Creo firmemente que no puede existir una sostenibilidad real sin una reflexión crítica sobre las compras excesivas que muchas personas realizan cada día.
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Estoy a favor del progreso y del crecimiento económico, pero solo cuando son medidos, sensatos y responsables. No comparto la idea de un consumismo descontrolado, ni la creencia de que la felicidad provenga de comprar constantemente nuevos bienes. Vivimos en una sociedad que a menudo impulsa a “tener cada vez más”, cuando en realidad, en la mayoría de los casos, tener menos es más que suficiente para vivir mejor.
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Las cosas realmente importantes de la vida no son los objetos materiales, sino otros valores: el bienestar, el tiempo, las relaciones y la salud. Esto no significa renunciar al confort o al placer: no soy en absoluto un minimalista extremo; al contrario, valoro el confort y la calidad de vida como cualquier otra persona. La diferencia está en el modo y la medida.
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No comparto la acumulación excesiva —ya sea de ropa, automóviles o bienes superfluos— ni una actitud obsesiva hacia la posesión. Creo, en cambio, en un consumo reflexivo, consciente y orientado a la calidad: mejor pocos productos elegidos con cuidado que muchas compras innecesarias.
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En este camino también es fundamental aprender a gestionar los propios recursos financieros y desarrollar una mayor conciencia frente al marketing, que a menudo nos induce a creer que necesitamos continuamente nuevos productos, muchas veces para impresionar a los demás, lo cual es profundamente erróneo.
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En mi labor de divulgación, recomiendo únicamente productos que considero realmente útiles y de calidad, que a menudo utilizo personalmente y que reflejan mis valores. Lo hago con honestidad, sobriedad y transparencia, sin promover el exceso ni el consumo por el consumo.
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Creo en una divulgación responsable, realizada con criterio y sentido común, orientada al bienestar real de las personas y no a la simple incitación a la compra.
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IGUALDAD DE GÉNERO:
La igualdad de género es un tema muy actual, especialmente cuando se habla de sostenibilidad y derechos sociales. Sobre este tema deseo expresar mi opinión, partiendo de un punto fundamental: ¡estoy absolutamente a favor de la igualdad de género! No obstante, considero que se trata de una cuestión compleja, que no puede abordarse de forma superficial o ideológica.
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Cuando se habla de igualdad de género, creo que es necesario distinguir entre distintos contextos, en particular entre el mundo occidental y el mundo no occidental. En muchas regiones de Asia y África, las mujeres aún viven en condiciones de fuerte desventaja respecto a los hombres: tienen menos derechos, menos oportunidades educativas, limitaciones en la libertad personal y, en algunos casos, sufren violencia o discriminación sistemática. Esta situación representa una grave injusticia y requiere intervenciones concretas y urgentes.
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En el mundo occidental, en cambio, la situación resulta más compleja. Aunque reconozco que siguen existiendo problemas reales —como la brecha salarial en algunos sectores, las dificultades profesionales o la violencia de género— no estoy completamente convencido de que las mujeres estén siempre y en todo caso en desventaja respecto a los hombres. En muchos ámbitos, de hecho, son los hombres quienes se encuentran en una posición de desventaja.
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Por ejemplo, en el ámbito educativo, los chicos presentan tasas de abandono escolar más elevadas que las chicas; en el sistema judicial, especialmente en casos de separación o custodia de los hijos, los hombres tienden a verse perjudicados; además, en el plano social, sobre los hombres recae una fuerte presión relacionada con las expectativas de éxito económico y la escasa aceptación de la vulnerabilidad emocional.
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Esta reflexión también se vincula con el tema del feminismo. Es importante aclarar que el feminismo no es un movimiento único y homogéneo. Existen corrientes históricas y liberales que han desempeñado un papel fundamental en la conquista de derechos esenciales para las mujeres, como el derecho al voto y el acceso a la educación y al trabajo. Estos logros son indiscutiblemente positivos y necesarios.
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Sin embargo, me distancio de algunas corrientes del feminismo contemporáneo, a menudo calificadas como “radicales”, que tienden a representar a la mujer exclusivamente como víctima y al hombre como culpable por definición. Esta visión, basada en una oposición constante entre los géneros, no favorece el diálogo ni una igualdad real.
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Mi visión del mundo se basa, en cambio, en valores de paz, fraternidad y meritocracia. Creo que el objetivo de la igualdad de género debe ser garantizar iguales derechos, iguales deberes e iguales oportunidades, valorando las capacidades individuales de cada persona, sin crear nuevas formas de discriminación o conflicto entre hombres y mujeres.